El cielo y el infierno. La justicia divina según el espiritismo.

El cielo y el infierno. La justicia divina según el espiritismo.

Allan Kardec


La primera parte de esta obra, titulada Doctrina, contiene el examen comparado de las diversas creencias sobre el cielo y el infierno, los ángeles y los demonios, las penas y las recompensas futuras. El dogma de las penas eternas se trata de un modo especial y se refuta con argumentos sacados de las leyes de la misma Naturaleza, que no solo demuestran la parte ilógica, repetida cien veces, sino la imposibilidad material. Con las penas eternas caen, naturalmente, las consecuencias que se creería poder sacar de aquellas. La segunda parte encierra numerosos ejemplos en apoyo de la teoría, o mejor dicho, que han servido para establecer la teoría. Tienen su autoridad en la diversidad de los tiempos y lugares en donde se obtuvieron, porque si dimanasen de un solo origen, podrían considerarse como producto de una misma influencia. La tienen, además, en su concordancia con aquello que se obtiene todos los días, por todas partes en donde se ocupan de las manifestaciones espiritistas bajo el prisma formal y filosófico. Con "El Cielo y el Infierno" se dirige al blanco de ciertas cuestiones. Pero no debía venir más pronto. Si consideramos la época en que ha venido el Espiritismo, conoceremos sin mucho trabajo que ha llegado oportunamente. Ni demasiado tarde ni demasiado pronto. Más pronto hubiera abortado, porque no siendo muchas las simpatías, hubiera sucumbido bajo los golpes de sus adversarios. Más tarde, le hubiera faltado la ocasión favorable para manifestarse, las ideas pudieran haber tomado otro curso, del cual hubiera sido difícil desviarlas. Era preciso dejar a las ideas viejas el tiempo necesario para que se gastaran probando su insuficiencia, antes de aparecer otras nuevas.

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Descripción

La primera parte de esta obra, titulada Doctrina, contiene el examen comparado de las diversas creencias sobre el cielo y el infierno, los ángeles y los demonios, las penas y las recompensas futuras. El dogma de las penas eternas se trata de un modo especial y se refuta con argumentos sacados de las leyes de la misma Naturaleza, que no solo demuestran la parte ilógica, repetida cien veces, sino la imposibilidad material. Con las penas eternas caen, naturalmente, las consecuencias que se creería poder sacar de aquellas. La segunda parte encierra numerosos ejemplos en apoyo de la teoría, o mejor dicho, que han servido para establecer la teoría. Tienen su autoridad en la diversidad de los tiempos y lugares en donde se obtuvieron, porque si dimanasen de un solo origen, podrían considerarse como producto de una misma influencia. La tienen, además, en su concordancia con aquello que se obtiene todos los días, por todas partes en donde se ocupan de las manifestaciones espiritistas bajo el prisma formal y filosófico. Con “El Cielo y el Infierno” se dirige al blanco de ciertas cuestiones. Pero no debía venir más pronto. Si consideramos la época en que ha venido el Espiritismo, conoceremos sin mucho trabajo que ha llegado oportunamente. Ni demasiado tarde ni demasiado pronto. Más pronto hubiera abortado, porque no siendo muchas las simpatías, hubiera sucumbido bajo los golpes de sus adversarios. Más tarde, le hubiera faltado la ocasión favorable para manifestarse, las ideas pudieran haber tomado otro curso, del cual hubiera sido difícil desviarlas. Era preciso dejar a las ideas viejas el tiempo necesario para que se gastaran probando su insuficiencia, antes de aparecer otras nuevas.

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