La esfinge

La esfinge

Mario Roso de Luna


Todos, desde el escéptico o el positivista más cerrado, hasta el soñador más iluso, se plantean a diario, bajo una forma u otra (principalmente bajo la forma del “nosce te ipsum” socrático), problemas sintetizados en tres interrogaciones que sin ellas la vida misma se concibe siquiera"¿quién soy?", ¿qué fui ayer? y ¿qué seré mañana?.  Pues todo esto y mucho más que por la brevedad omitimos, acarrea como corolario lógico el que la Ley de Evolución abarca todo el Cosmos, o bien que el Cosmos “todo conspira a una finalidad suprema”, con arreglo al viejo criterio teológico de los filósofos griegos y dentro del verdadero concepto de “Cosmos” o “Armonía”, concepto en el que se enlazan “lo vario” y “lo uno”. Hoy ya es diferente nuestra evolución como hombres y mañana esta evolución nos habrá de llevar a otros estados superiores aún. al tenor, del axioma cabalista de que el mineral, con la evolución se transforma en planta; la planta, en animal; “el animal, en hombre; el hombre, en un espíritu, y el espíritu, en un dios”. Así lo recoge, en La esfinge, Mario Roso de Luna. Mario fue un masón español, doctor en Derecho por la Universidad Complutense y licenciado en Ciencias Físico-Químicas que se definía a sí mismo como un "teósofo y ateneísta" y como tal miembro del Ateneo de Madrid, trató con personajes como Miguel de Unamuno y Valle-Inclán. Además como periodista y escritor, tradujo al castellano las obras de H.P. Blavatsky.    

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Descripción

Todos, desde el escéptico o el positivista más cerrado, hasta el soñador más iluso, se plantean a diario, bajo una forma u otra (principalmente bajo la forma del “nosce te ipsum” socrático), problemas sintetizados en tres interrogaciones que sin ellas la vida misma se concibe siquiera”¿quién soy?”, ¿qué fui ayer? y ¿qué seré mañana?. 
Pues todo esto y mucho más que por la brevedad omitimos, acarrea como corolario lógico el que la Ley de Evolución abarca todo el Cosmos, o bien que el Cosmos “todo conspira a una finalidad suprema”, con arreglo al viejo criterio teológico de los filósofos griegos y dentro del verdadero concepto de “Cosmos” o “Armonía”, concepto en el que se enlazan “lo vario” y “lo uno”.

Hoy ya es diferente nuestra evolución como hombres y mañana esta evolución nos habrá de llevar a otros estados superiores aún. al tenor, del axioma cabalista de que el mineral, con la evolución se transforma en planta; la planta, en animal; “el animal, en hombre; el hombre, en un espíritu, y el espíritu, en un dios”. Así lo recoge, en La esfinge, Mario Roso de Luna. Mario fue un masón español, doctor en Derecho por la Universidad Complutense y licenciado en Ciencias Físico-Químicas que se definía a sí mismo como un “teósofo y ateneísta” y como tal miembro del Ateneo de Madrid, trató con personajes como Miguel de Unamuno y Valle-Inclán. Además como periodista y escritor, tradujo al castellano las obras de H.P. Blavatsky.

 

 

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